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Apuntes sobre bienales: por la urgente actualización de los conceptos de pintura y grabado en la Bienal del Pacífico "Javier Mariano"

El ensayo plantea la necesidad de actualizar los conceptos de pintura y grabado en la Bienal del Pacífico "Javier Mariano", proponiendo una apertura hacia las prácticas artísticas contemporáneas, la autoría colectiva y una visión curatorial acorde con los desafíos del siglo XXI.

La obra El gran vidrio, de Marcel Duchamp, compuesta por dos grandes paneles de vidrio intervenidos con formas geométricas, líneas, polvo, láminas metálicas y elementos mecánicos que representan simbólicamente a la novia y los solteros.

La Bienal del Pacífico frente al desafío de pensar la pintura y el grabado desde el siglo XXI

Las bienales de artes visuales en México enfrentan constantemente el reto de justificar su pertinencia en un ecosistema cultural en rápida transformación, debatiéndose entre la conservación de las estructuras institucionales o la apertura a las mutaciones estéticas del presente. Este dilema se hace evidente al contrastar los modelos de gestión y las visiones curatoriales que sustentan las convocatorias artísticas en distintas regiones del país. Mientras algunas plataformas logran sintonizar con los discursos globales del arte contemporáneo, otras permanecen ancladas en dinámicas que responden a criterios del siglo pasado, limitando no solo la participación de los creadores, sino también el alcance reflexivo que eventos de esta envergadura deberían propiciar en la comunidad artística del territorio que abarcan.

Un caso sintomático de esta resistencia al cambio se observa en el diseño institucional de la Bienal del Pacífico "Javier Mariano", organizada por la Secretaría de Cultura del Estado de Guerrero y el Museo de Arte Contemporáneo Javier Mariano de la Universidad Autónoma de Guerrero, en Chilpancingo. La revisión de sus bases revela la persistencia de un paradigma moderno y marcadamente académico que reduce la práctica artística a disciplinas rígidamente establecidas. Al omitir una definición conceptual que dialogue con la complejidad de nuestro tiempo, la convocatoria opera bajo la premisa de que la pintura y el grabado son oficios inmutables, regidos principalmente por la destreza técnica y la ejecución sobre soportes y matrices convencionales. Esta visión academicista ignora que, en pleno 2026, las fronteras entre disciplinas se han disuelto y que la producción artística actual se define por su capacidad de generar experiencias conceptuales, espaciales y visuales que trascienden el marco bidimensional del «óleo sobre tela» o la estampa tradicional sobre papel. Hoy, las nuevas tecnologías se han incorporado con fuerza al grabado tradicional; no se trata solo de la adopción de la impresión digital, sino también del uso de herramientas avanzadas provenientes del campo científico, como el grabado por rayo láser y otros procesos de transferencia tecnológica que redefinen la matriz y la reproductibilidad.

Esta rigidez disciplinar se complementa con una limitante estructural aún más preocupante: la exclusión sistemática del trabajo colaborativo. Al insistir reiteradamente en la figura individual del pintor o grabador, la convocatoria perpetúa el mito romántico del genio creador aislado en su taller, ignorando décadas de transformaciones en las metodologías de producción artística. Numerosos proyectos fundamentales del arte contemporáneo nacen hoy del diálogo horizontal, la coautoría y la conformación de colectivos o dúos artísticos. Negar el registro a estas agrupaciones bajo formalismos administrativos no solo resulta anacrónico, sino que mutila el abanico de posibilidades discursivas y estéticas que enriquecen las prácticas artísticas actuales, marginando las visiones y modos de hacer colectivos que caracterizan a las nuevas generaciones.

A este entramado de restricciones se suma un factor determinante que acaba por viciar el alcance de estas plataformas: la endogamia en la integración de los jurados. Con frecuencia, las bienales estatales adolecen de comités de premiación que no están en sintonía con las condicionantes contemporáneas del arte, recurriendo a creadores plásticos del mismo contexto local. El resultado previsible es una selección que termina premiando a artistas ya conocidos, perpetuando dinámicas de favoritismo e influencias derivadas de las relaciones personales dentro del territorio. Para garantizar la congruencia y la transparencia del certamen, el jurado debería integrarse por especialistas, críticos de arte y artistas foráneos cuya visión amplia de los contenidos conceptuales y distancia geográfica permitan un análisis estrictamente profesional y libre de compromisos, asegurando fallos que respondan a una comprensión mucho más abierta del arte en las distintas regiones.

Para medir el alcance de este desfase conceptual, basta volver la mirada hacia experiencias recientes en el centro del país, como la Primera Bienal de Pintura de Cuernavaca (BICU), impulsada por la Fundación Griselda Hurtado en colaboración con el Museo Morelense de Arte Contemporáneo "Juan Soriano". El certamen se estructuró a partir de una concepción flexible y receptiva, en la que la pintura se asume como un medio expandido que permite la hibridación con la instalación, el objeto, el volumen y los cruces procesuales. La experiencia en Cuernavaca demostró que una bienal puede mantener su identidad en torno a la materialidad pictórica sin por ello volverse restrictiva, validando la investigación artística y permitiendo que el concepto de pintura dialogue con las complejidades del pensamiento contemporáneo y del contexto latinoamericano.

La actualización de la Bienal del Pacífico "Javier Mariano" no exige abandonar su vocación orientada a la pintura y el grabado, sino renovar profundamente lo que significa pintar y grabar en el siglo XXI. Urge que sus organizadores transiten de la noción del concurso tradicional hacia la de una plataforma curatorial y de investigación de largo alcance. Ello implicaría reconfigurar sus bases para dar cabida explícita a la pintura expandida y la gráfica expandida, abriéndose a soportes no convencionales, tecnologías científicas aplicadas y, de manera fundamental, a la autoría compartida y al trabajo en equipo. Solo mediante una apertura conceptual que asimile la innovación, la pertinencia crítica y las nuevas búsquedas de los creadores, la Secretaría de Cultura, la Universidad Autónoma de Guerrero y su Museo de Arte Contemporáneo podrán posicionar este certamen como un referente indispensable del sur de México, transformando una estructura institucional trasnochada en un espacio vivo para la reflexión estética contemporánea.

Ante este panorama, el escenario resulta alentador si las instituciones convocantes asumen el acierto histórico de renovar y actualizar el certamen en sus próximas ediciones. La historia del arte latinoamericano demuestra que el continente posee un vasto abanico de innovaciones donde los creadores han expandido los límites de la pintura y la gráfica, introduciendo metodologías inéditas que subvierten el medio sin perder su esencia. Una bienal contemporánea de pintura y grabado en Guerrero no puede ignorar este legado ni perpetuar una contradicción flagrante entre lo que hoy se enseña en las universidades especializadas en artes visuales —particularmente en la Escuela Superior de Artes de la UAGro, donde se promueve una pintura y una gráfica expandida, en la que la técnica se entiende como un recurso expresivo subordinado a la potencia discursiva de la obra— y las bases rígidas de un concurso que reduce el hacer plástico a un oficio puramente artesanal.

Si la Secretaría de Cultura del Estado de Guerrero y la Universidad Autónoma de Guerrero logran conciliar la visión pedagógica con el diseño de la convocatoria, la Bienal del Pacífico "Javier Mariano" podrá solventar este desfase y consolidarse como el evento artístico más importante de la zona sur de México; una plataforma indispensable que no solo premie la destreza técnica, sino que proyecte con dignidad los nuevos modos de ver, hacer y pensar la pintura y la gráfica en el siglo XXI.

Texto por el Doctor Paquito para ADN Cultura.


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