Cervantes: el renacer explosivo del genio que inventó la novela moderna
Nada de eso le afecta ya a Cervantes, ni en ninguno de esos fenómenos habría encontrado el estímulo para resucitar en vida como el "semidifunto" que pronto sería, según él mismo. Sin embargo, resurge de la manera más inesperada y explosiva hacia finales del siglo XVI, alrededor de 1600, cuando casi nadie espera ya nada de un autor desaparecido del panorama literario desde hacía al menos diez años.
Este es el laboratorio que da vida a un escritor inimaginable si se considera solo La Galatea o su primer teatro de los años ochenta, dedicado a la propaganda política en favor del Imperio y el cristianismo. Pero ya no es así, o al menos no solo, tras su experiencia intensa y turbadora de la vida cotidiana en Andalucía, especialmente en Sevilla.
A partir de finales de siglo, Cervantes se sumerge en el placer desenfrenado de recrear novelescamente la condición humana, porque nada es solo de una manera. La ironía deja de ser un mero recurso humorístico para convertirse en una estructura de pensamiento (y narración).
No renuncia a seguir experimentando y se aventura con algo aún más atrevido y extravagante: dar voz a un loco de remate que deja de ser solo eso, y extender su relato más allá del cuento breve. Así, en su historia cabe tanto la literatura inspirada en la experiencia cotidiana como la alta literatura novelesca, aventurera y sentimental que sigue gustándole sin reservas, a él y a las muchas mujeres que leen y, sobre todo, escuchan su obra. Acaba de inventar la novela moderna.
